Al 16 de febrero de 2026, la reforma para reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales ya dio un paso relevante: fue aprobada por el Senado y hoy se encuentra en revisión en la Cámara de Diputados. En Diputados, las comisiones unidas reportan que ya tienen listo el dictamen (sin cambios frente a la minuta del Senado) y se prevé que pueda subirse al Pleno entre el 24 y 25 de febrero de 2026.
Es importante subrayar que, al tratarse de una reforma constitucional, todavía debe completar el proceso: aprobación en ambas cámaras, ratificación por la mayoría de congresos estatales y publicación; además, se requerirá legislación secundaria (ajustes a la Ley Federal del Trabajo) para aterrizar reglas operativas.
En lo aprobado y discutido públicamente hasta ahora, el planteamiento mantiene un enfoque gradual: 2026 permanece en 48 horas; 2027 baja a 46; 2028 a 44; 2029 a 42; y 2030 llega a 40 horas. También conserva el principio de que no debe haber reducción de salarios ni prestaciones por la disminución de horas y contempla un marco de tiempo extraordinario (por ejemplo, hasta 12 horas extra por semana, según el dictamen reportado).
El punto central para las empresas: el “costo hora” sube, aunque la nómina no cambie.
Más allá del debate político, el reto empresarial se puede resumir en un concepto: producir o atender la misma demanda con menos horas base, sin trasladar el ajuste a los salarios.
Si el sueldo mensual se mantiene y se reducen horas, el costo por hora efectiva sube automáticamente. Tomando como base 48 horas:
Esto no significa que el costo total aumente “en automático” 20% (depende de productividad, mezcla de turnos, automatización, demanda, etc.), pero sí marca la conversación correcta: si no recuperamos horas con productividad o rediseño, el margen se presiona.
En la práctica, el impacto suele concentrarse en cuatro frentes:
Mapea por centro de trabajo y función: horas reales, picos estacionales, horas extra, ausentismo, rotación y tiempos improductivos. El objetivo es identificar “dónde se van a abrir” las brechas de cobertura cuando empiece la reducción.
Tres escenarios suelen ser suficientes para tomar decisiones:
No es solo un tema de RH. Definan conjuntamente el “mínimo viable” de dotación, la estrategia de cross-training y el costo de cada alternativa de cobertura (turnos, descansos, reemplazos, guardias).
Automatización administrativa, digitalización de piso, planeación de demanda/turnos, reducción de retrabajos y cuellos de botella. En este tema, el ROI se vuelve más claro si se mide en horas recuperadas y capacidad liberada.
Si tu estructura de costos cambia, conviene anticipar renegociaciones o ajustes comerciales graduales (especialmente en contratos multianuales o servicios intensivos en mano de obra).
Independientemente del texto final, la tendencia apunta a mayor trazabilidad. Preparar reglas internas, evidencia y disciplina operativa hoy reduce riesgos mañana.
La reforma aún está en proceso, pero el mensaje para las empresas es claro: quien use 2026 para modelar, rediseñar y ejecutar productividad llegará a 2027–2030 con control del margen; quien espere, probablemente absorberá el costo vía overtime o pérdida de capacidad.