El Banco de la República volvió a subir su tasa de intervención el pasado 30 de septiembre, esta vez 25 puntos básicos, hasta 12,25 %, la cuarta alza del año. Para una empresa que contrató deuda hace dos o tres años, refinanciarla hoy cuesta sustancialmente más de lo que costó entonces. Y sin embargo, no hay una ola de insolvencias empresariales que sostenga un discurso de crisis generalizada, la misma Superintendencia de Sociedades ha señalado que el aumento reciente en solicitudes bajo el régimen de insolvencia corresponde casi en su totalidad a personas naturales, mientras que en el sector empresarial la cifra se mantiene en lo que describió como "normalidad total", con cerca de 2.800 compañías en procesos de reorganización y alrededor de 1.000 que ya llegaron a un acuerdo. Esa distinción importa: el riesgo hoy no es sistémico, es idiosincrático. Una empresa por lo demás sana puede tener vencimientos concentrados que, a la tasa actual, se vuelven mucho más difíciles de atender y ese riesgo sí se gestiona, si se anticipa.
La ausencia de una crisis sistémica no es garantía de que una empresa en particular esté bien. Un negocio con flujo de caja estable puede, aun así, enfrentar una pared de vencimientos en los próximos doce meses que exige refinanciar a una tasa muy superior a la original, o negociar con un acreedor que ya no está dispuesto a esperar. El error más común no es tener deuda cara: es esperar a que el acreedor tome la iniciativa. Cuando eso ocurre, la empresa negocia desde la urgencia, con menos opciones, menos tiempo y, casi siempre, peores condiciones que las que habría obtenido si hubiera llegado primero a la mesa.
Una reestructuración financiera privada, negociada directamente con los acreedores, antes de cualquier proceso formal de insolvencia, puede tomar varias formas: extender plazos, ajustar covenants que ya no son realistas en el entorno actual, convertir deuda de corto plazo en deuda de largo plazo, o acordar una quita parcial cuando el valor de recuperación para el acreedor es mayor negociando que ejecutando garantías. Acudir a un proceso de la Ley 1116 ante la Superintendencia de Sociedades sigue siendo una herramienta legítima cuando la situación lo amerita, pero implica costos, tiempos y una pérdida de control sobre el proceso que una negociación privada bien estructurada normalmente evita. La diferencia entre una y otra rara vez es el tamaño de la deuda: es el momento en que la empresa decide actuar.
Negociar una quita o condonación parcial de deuda se siente como una victoria, y en términos de caja lo es. Pero la DIAN ha sostenido, con fundamento en el artículo 302 del Estatuto Tributario, que la condonación de una deuda constituye ganancia ocasional para quien la recibe: el deudor registra un incremento patrimonial equivalente al valor condonado, y ese ingreso es, en principio, gravable. En la práctica, esto significa que el mismo año en que una empresa logra aliviar su carga financiera mediante una negociación con sus acreedores, puede generar una obligación tributaria que no tenía contemplada, precisamente cuando su caja está más comprometida. Las pérdidas fiscales acumuladas pueden compensar ese ingreso, pero solo si la empresa las tiene identificadas, declaradas y dentro del término de firmeza aplicable; planear la reestructuración sin considerar este efecto puede convertir un alivio financiero en una sorpresa tributaria al año siguiente.
AUTODIAGNÓSTICO RÁPIDO — ¿DEBERÍA SU EMPRESA RENEGOCIAR SU DEUDA AHORA?
Si alguna respuesta es "no", está esperando a que la decisión la tome un acreedor — en lugar de tomarla usted primero.
Una reestructuración financiera no es una señal de que algo salió mal. Es, cada vez con más frecuencia, una decisión de gestión que toman empresas sanas para proteger su posición antes de que las condiciones de mercado las obliguen a tomarla en peores términos.
Si su empresa tiene vencimientos de deuda importantes en el próximo año, o está evaluando una negociación con sus acreedores, es un buen momento para una conversación confidencial con nuestros equipos de Corporate Finance & M&A y Tax & Legal, una reestructuración bien diseñada considera el calendario de pagos y su efecto tributario como una sola decisión, no como dos conversaciones separadas.
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