La desaceleración económica podría llevar a nuevos trabajadores hacia actividades informales, mientras el comercio, la industria y los servicios enfrentan menores niveles de contratación y un consumo más cuidadoso por parte de los hogares.
La capital de Antioquia llega a la segunda mitad del año con una situación laboral que merece atención. Medellín continúa siendo una de las ciudades con menor informalidad del país, con una tasa de 38,2 % durante el trimestre diciembre de 2025–febrero de 2026, frente al 55,3 % registrado en el ámbito nacional.
Sin embargo, el mercado laboral de la ciudad completa cerca de nueve meses con una tendencia creciente en el desempleo. Después de alcanzar 10,4 % durante el trimestre enero–marzo, la tasa se ubicó en 8,6 % entre marzo y mayo, todavía por encima del 8,2 % registrado un año atrás.
A esta situación se suma un elemento que afecta directamente a la economía barrial: durante el último trimestre analizado, el comercio fue el sector que más puestos de trabajo perdió, seguido por las actividades de alojamiento y servicios de comida.
La región continuó generando empleo, al sumar cerca de 69.000 ocupados y alcanzar aproximadamente 2.218.000 personas trabajando. No obstante, la cantidad de personas que salieron a buscar empleo aumentó más rápido que la capacidad de las empresas para vincularlas.
Entre febrero y abril, la industria manufacturera perdió cerca de 33.000 puestos de trabajo, mientras que el comercio redujo alrededor de 31.000 plazas. En este contexto, la economía barrial —conformada por tiendas, talleres de confección, pequeños establecimientos y locales de servicios— podría convertirse en el principal soporte para quienes no encuentren una oportunidad en el mercado formal.
Desde nuestro análisis en Crowe, este comportamiento no significa que Medellín vaya a entrar en una crisis laboral. Sin embargo, es probable que algunas empresas reduzcan su ritmo de contratación y que una parte de los nuevos trabajadores encuentre oportunidades únicamente en actividades informales.
El escenario más probable para el segundo semestre es una estabilización o un incremento moderado de la informalidad, más que una pérdida total de los avances alcanzados por la ciudad.
Esta proyección se presenta en un momento en el que el Banco de la República redujo el crecimiento esperado del país a cerca de 2,4 % para 2026, anticipó una desaceleración a partir de julio y calculó que la inflación podría cerrar alrededor de 6,4 %.
Más personas buscando empleo que puestos disponibles
El comportamiento de Medellín contrasta con el panorama nacional. En mayo, la tasa de desempleo del país descendió a 8 %, el mejor resultado para ese mes desde 2001. Asimismo, la informalidad se redujo a 54,3 % en el total nacional y a 40,3 % entre las 13 principales ciudades.
Medellín conserva una ventaja frente al país en materia de formalidad. No obstante, la presión sobre su mercado laboral proviene de un aumento en la cantidad de personas que buscan trabajo, mientras la creación de nuevos puestos avanza a un ritmo menor.
Cuando el mercado formal no logra absorber a toda la población disponible, la economía barrial se convierte en una alternativa inmediata para generar ingresos. De esta manera, actividades como el comercio, los servicios personales, los talleres y los pequeños negocios reciben a una parte de quienes quedan por fuera de la contratación empresarial.
Márgenes estrechos y consumidores más cuidadosos
Los micronegocios se encuentran entre los actores más expuestos durante el segundo semestre. En las microempresas de hasta diez trabajadores, aproximadamente el 84 % de los ocupados se encuentra en la informalidad.
Sobre estos establecimientos recaen incrementos en los costos de los arriendos, los insumos y la energía, en un escenario en el que las tasas de interés continúan siendo elevadas.
Trasladar estos mayores costos a los consumidores no siempre es posible. En consecuencia, muchos negocios de barrio deben absorber una parte de los aumentos, lo que reduce sus márgenes y limita su capacidad para contratar, invertir o ampliar sus operaciones.
Desde el lado de la demanda, esperamos que los hogares adopten un comportamiento más cauteloso durante el segundo semestre. El gasto tendería a concentrarse en alimentos, productos de primera necesidad y servicios básicos, con una búsqueda más frecuente de promociones, descuentos y marcas económicas.
El consumidor no necesariamente dejará de comprar, pero lo hará de manera más selectiva, priorizando lo esencial y buscando obtener el mayor valor posible por cada peso gastado.
Este comportamiento también tendrá efectos sobre prácticas tradicionales como el fiado. Aunque seguirá funcionando como una alternativa de liquidez para muchos hogares, representa un mayor riesgo para el flujo de caja de los comerciantes y exige una administración más cuidadosa de la cartera.
Pagos digitales y acceso a financiación
La expansión de Bre-B, el sistema de pagos inmediatos del Banco de la República, representa una oportunidad para los micronegocios de Medellín. La plataforma ya supera los 34 millones de usuarios y las 103 millones de llaves registradas, y permitirá el uso de códigos QR para personas naturales.
Para los pequeños comerciantes, el beneficio va más allá de recibir pagos sin utilizar efectivo. Cada transacción electrónica genera información que puede fortalecer el historial financiero del negocio, mejorar su trazabilidad y facilitar que las entidades financieras evalúen con mayor precisión su capacidad de pago.
En materia de financiación, las cooperativas cumplen un papel cada vez más relevante por su cercanía con el pequeño empresario. A esto se suma el crecimiento de las fintech, que ofrecen procesos más ágiles y modelos alternativos para evaluar el riesgo crediticio.
Sin embargo, el desafío principal no consiste únicamente en aumentar la cantidad de créditos disponibles. Lo verdaderamente importante es lograr que más micronegocios puedan acceder a financiación bajo condiciones que impulsen su crecimiento, productividad y formalización.
Iniciativas como el Pacto por el Crédito y los programas de Banca de las Oportunidades representan avances, pero todavía deben superar las barreras que mantienen a numerosos comerciantes por fuera del sistema financiero formal.
La demanda de los hogares será la principal señal
Durante los próximos meses, el comportamiento del gasto de los hogares será uno de los principales indicadores para evaluar la evolución de la economía de Medellín y el Valle de Aburrá.
Si la demanda logra mantenerse, la informalidad podría estabilizarse y Medellín conservaría su posición como una de las ciudades con mayor formalidad laboral del país.
Por el contrario, si el consumo continúa perdiendo fuerza, las tiendas, talleres y pequeños negocios deberán absorber nuevamente a las personas que el mercado formal no logre vincular.
El reto para el cierre de 2026 será proteger la demanda de los hogares y generar condiciones para que los micronegocios no se conviertan únicamente en una alternativa de supervivencia, sino en unidades productivas con capacidad real para crecer, financiarse y generar empleo.
Conozca más sobre este tema en el artículo publicado por
El Colombiano aquí