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La economía de barrio sostiene a 547.000 trabajadores en Cali y enfrenta un cierre de año desafiante


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El menor dinamismo del consumo podría afectar las ventas de tenderos, vendedores y micronegocios durante el segundo semestre, mientras la informalidad permanece cerca de la mitad de la población ocupada y el crédito formal continúa sin llegar plenamente al comercio popular.

La capital del Valle del Cauca cerró el primer semestre con resultados laborales positivos, aunque acompañados por una alta informalidad que continúa generando incertidumbre.

Durante el trimestre marzo–mayo de 2026, la tasa de desempleo de la ciudad descendió a 8,6 %, el resultado más bajo para ese periodo desde 2007. Además, Cali sumó aproximadamente 43.600 nuevos ocupados, lo que representó el mayor crecimiento porcentual entre las principales áreas metropolitanas del país, con una variación de 3,9 %.

No obstante, alrededor de 547.000 caleños, equivalentes al 47,4 % de la población ocupada, continúan trabajando en condiciones de informalidad. Adicionalmente, una parte importante del crecimiento reciente del empleo se concentró en el trabajo por cuenta propia.

Desde nuestro análisis en Crowe, la economía barrial enfrentará durante el segundo semestre una de sus pruebas más exigentes del año. Tiendas, galerías, ferias, ventas ambulantes y micronegocios familiares podrían experimentar los efectos de una reducción en el consumo, en un momento en el que el Banco de la República proyecta un crecimiento económico cercano a 2,4 % para 2026, una desaceleración a partir de julio y una inflación alrededor de 6,4 % al cierre del año.

Consideramos que la informalidad en Cali se mantendrá cerca de la mitad de la población ocupada durante el segundo semestre. Este comportamiento estará relacionado con el bajo dinamismo industrial, el crecimiento del comercio y de los servicios de baja productividad, así como con la presión migratoria y el desempleo juvenil.

Más que un fenómeno transitorio, la informalidad debe entenderse como una señal de la limitada capacidad del mercado formal para generar ocupaciones estables, con protección social e ingresos suficientes.

Una informalidad superior al promedio de las principales ciudades

La situación de Cali forma parte de un panorama nacional complejo. Cerca del 55,3 % de los ocupados del país, aproximadamente 12,8 millones de personas, trabaja en la informalidad.

En las microempresas de hasta diez trabajadores, que constituyen una parte importante del comercio barrial, la proporción alcanza aproximadamente el 84 %.

Cali se encuentra 6,4 puntos porcentuales por encima del promedio de informalidad de las 13 principales ciudades, ubicado alrededor del 41 %. Esta situación adquiere una relevancia adicional al considerar que el comercio es la principal actividad empleadora de la ciudad y concentra aproximadamente 21 de cada 100 trabajadores.

La economía barrial cumple, al mismo tiempo, dos funciones. Por una parte, permite que miles de personas generen ingresos cuando no encuentran un empleo formal, por lo que representa un importante amortiguador social.

Por otra, refleja que la economía formal todavía no cuenta con la capacidad suficiente para absorber toda la mano de obra disponible.

Más personas en el rebusque, pero con menores ingresos

La evolución del consumo de los hogares será determinante durante el segundo semestre.

Si el gasto se desacelera hacia el cierre de 2026, como se ha proyectado, podríamos observar un aumento en la cantidad de personas que ingresan al rebusque, pero con menores ventas promedio y una mayor presión sobre los ingresos familiares.

Sectores como la gastronomía, la logística, el turismo y el comercio continuarían recibiendo trabajadores debido a que son actividades con una entrada relativamente rápida y requieren un capital inicial menor.

En contraste, la construcción y la industria manufacturera podrían expulsar trabajadores como consecuencia de una menor demanda y de los altos costos financieros.

El principal riesgo no consiste únicamente en que aumente la informalidad. También existe la posibilidad de que se consolide una informalidad con menor rentabilidad, en la que más personas deban competir por un consumo reducido y unos ingresos cada vez más limitados.

Digitalización y remesas como oportunidades para el comercio popular

La expansión de Bre-B, el sistema de pagos inmediatos del Banco de la República, representa una oportunidad para el comercio popular de Cali.

La plataforma ya supera los 34 millones de usuarios y las 103 millones de llaves registradas, y permitirá la utilización de códigos QR por parte de personas naturales.

Cada vez más pequeños comerciantes aceptan pagos digitales porque los consumidores los solicitan y porque esta modalidad reduce el manejo de efectivo. No obstante, el dinero físico continuará teniendo un peso relevante por razones culturales, tributarias y operativas.

Las remesas también desempeñarán un papel importante. Durante el primer trimestre de 2026, el Valle del Cauca recibió aproximadamente 861 millones de dólares por este concepto, con un crecimiento anual de 6,7 %.

La región se mantiene como la principal receptora de remesas del país y concentra cerca de una cuarta parte del total nacional.

En un territorio donde estos recursos tienen una participación relevante en la economía de las familias, la digitalización puede convertirse en una herramienta para ampliar la inclusión financiera de miles de pequeños negocios.

El crédito continúa siendo el principal obstáculo

A pesar de los avances en digitalización, el acceso al crédito formal sigue siendo uno de los principales desafíos para los micronegocios caleños.

Con una tasa de usura cercana al 25 % anual, numerosos comerciantes enfrentan dificultades para obtener financiación en condiciones adecuadas.
Entre las principales barreras se encuentran la falta de historial financiero, la informalidad contable, la ausencia de garantías, la mezcla entre las finanzas personales y las del negocio, y la desconfianza frente al sistema financiero formal.

Programas como el Pacto por el Crédito, Banca de las Oportunidades y los centros ZASCA representan avances importantes. Sin embargo, todavía enfrentan el reto de ampliar su cobertura y facilitar que los recursos lleguen de manera efectiva al comercio popular.

La economía popular resiste, pero necesita mayor impulso

El cierre de 2026 dependerá de la evolución de las ventas del comercio, el comportamiento de la cartera de microcrédito y los cambios que presente la informalidad laboral.
La economía popular de Cali ha demostrado capacidad para resistir y generar ingresos para miles de personas. Sin embargo, necesita un mayor impulso para transformar esa resistencia en crecimiento.

El desafío será evitar que los micronegocios permanezcan únicamente como una alternativa de supervivencia y generar las condiciones necesarias para que puedan mejorar su productividad, acceder al crédito y avanzar hacia procesos de formalización.

Durante los próximos meses, las cifras mostrarán si la economía barrial logra convertir su capacidad de resistencia en una oportunidad de crecimiento o si continúa funcionando como el principal refugio para quienes no encuentran una opción estable dentro del mercado laboral.

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Wilmar Alzate
Wilmar Alzáte Gómez
Socio de Auditoría y AseguramientoCrowe Colombia 
Jeimy Lopez
Jeimy López Rincón
Socia Líder de Auditoría y AseguramientoCrowe Colombia
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