Después del terremoto: el impacto que no siempre se ve

21/09/2026
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Cuando ocurre un terremoto, la primera preocupación es humana. Proteger la vida y la integridad de las personas, atender a quienes puedan haberse visto afectados y garantizar condiciones seguras son prioridades que están por encima de cualquier consideración económica.

Pero esa preocupación no termina cuando pasa la emergencia inmediata. Para una organización también es importante entender cómo están sus empleados y sus familias, especialmente quienes se encuentran en las zonas afectadas; qué apoyo pueden requerir y en qué condiciones podrán retomar sus actividades.

La mirada debe extenderse además al entorno en el que opera la empresa. Clientes, proveedores, contratistas, centros de distribución, sedes y comunidades pueden haber sido afectados aun cuando las instalaciones propias no hayan sufrido daños significativos. Una empresa no opera de manera aislada: hace parte de un ecosistema de personas, organizaciones y relaciones que también puede verse afectado.

A partir de allí comienza otro desafío para las organizaciones: comprender qué cambió y qué significa ese cambio para la continuidad del negocio. En este punto, el gobierno corporativo y la administración tienen un papel fundamental para orientar la respuesta, establecer prioridades y evaluar las decisiones que deberán adoptarse.

La pregunta entonces deja de ser únicamente ¿qué se dañó? y se amplía hacia una reflexión mucho más importante:

¿Cuál puede ser el verdadero impacto de este evento sobre el negocio?

La respuesta va mucho más allá del costo de reparar una edificación o reemplazar una máquina. Una afectación puede interrumpir la operación, alterar la cadena de abastecimiento, retrasar entregas, generar costos adicionales y ejercer presión sobre la liquidez. Incluso puede obligar a replantear inversiones, necesidades de financiación y decisiones que la compañía había previsto para los meses siguientes.

Por eso, el lugar donde ocurrió el daño no necesariamente es el lugar donde terminará reflejándose su mayor impacto financiero.

Del daño físico al impacto sobre la operación

Una instalación puede presentar daños relativamente menores y, aun así, generar una interrupción significativa si allí se concentra un proceso crítico. De la misma manera, una empresa cuyas instalaciones no resultaron afectadas directamente puede enfrentar dificultades porque uno de sus proveedores, centros de distribución, vías de acceso o clientes estratégicos sí lo fue.

A esto se suma un elemento esencial: las personas también hacen parte de la continuidad del negocio. Una instalación puede estar en condiciones de operar, pero sus empleados pueden estar atendiendo situaciones familiares, dificultades de vivienda, problemas de movilidad o necesidades derivadas de la emergencia. Entender esa realidad también forma parte de una respuesta empresarial responsable.

Esto obliga a mirar la organización como una cadena de dependencias. La pregunta deja de ser únicamente qué se dañó y pasa a ser qué personas, relaciones o procesos críticos fueron afectados, durante cuánto tiempo y con qué consecuencias para la organización.

Identificar esas dependencias permite establecer prioridades de recuperación y entender qué necesita realmente la empresa para mantener o restablecer su operación.

Cuando la interrupción llega a la caja

El impacto operativo puede convertirse rápidamente en un impacto financiero.

Una reducción temporal de la producción o de las ventas no significa necesariamente una disminución equivalente de los compromisos de la compañía. Nómina, obligaciones financieras, arrendamientos, proveedores y otros costos pueden continuar mientras los ingresos disminuyen o se retrasan.

Por eso, después de evaluar la continuidad de la operación, aparece otra pregunta relevante: ¿cuánto tiempo puede sostener financieramente la empresa una operación diferente a la que había previsto?

La respuesta dependerá de la liquidez disponible, la capacidad de financiación, la estructura de costos, las coberturas de seguros y la velocidad con la que pueda recuperarse la actividad.

En este escenario, proteger la caja puede convertirse en una decisión tan importante como reparar los activos afectados.

Las decisiones también cambian

Un terremoto no solamente modifica la operación del presente. También puede cambiar decisiones que habían sido tomadas bajo condiciones diferentes.

Inversiones previstas, proyectos de expansión, compras de activos, distribución de recursos, niveles de inventario o necesidades de financiación pueden requerir una nueva evaluación. Incluso las proyecciones utilizadas por la administración pueden dejar de representar adecuadamente las condiciones del negocio después del evento.

Esto no significa necesariamente detener los proyectos. Significa preguntarse si las condiciones que justificaron una decisión siguen siendo las mismas.

La capacidad de reaccionar oportunamente puede marcar una diferencia importante entre atender una emergencia y gestionar sus consecuencias empresariales.

Lo que finalmente muestran los números

La información financiera también tendrá que recoger los efectos del evento.

Deterioros o pérdidas de activos e inventarios, provisiones, reclamaciones de seguros, cambios en estimaciones y nuevas necesidades de liquidez pueden formar parte de esa lectura. Sin embargo, la contabilidad no debería ser el punto de partida de la discusión: es uno de los lugares donde finalmente termina reflejándose lo que ocurrió en el negocio.

Antes de determinar cómo registrar una consecuencia, la administración necesita entender qué ocurrió, qué activos y procesos fueron afectados, cuáles son las posibilidades de recuperación y qué impacto tendrá sobre la operación futura.

Esa comprensión permite que la información financiera refleje adecuadamente la realidad económica posterior al evento.

Una prueba para la resiliencia empresarial

Los eventos inesperados también dejan al descubierto vulnerabilidades que, en condiciones normales, pueden pasar inadvertidas.

La dependencia de un único proveedor, la concentración de operaciones en una instalación, coberturas de seguros insuficientes, planes de continuidad desactualizados o una estructura financiera con poca capacidad para absorber interrupciones pueden adquirir una dimensión diferente después de un terremoto.

Pero la resiliencia empresarial no depende únicamente de infraestructura, seguros o recursos financieros. También está relacionada con la capacidad de una organización para responder frente a las necesidades de sus personas y mantener las relaciones esenciales con empleados, clientes, proveedores y comunidades durante una situación extraordinaria.

Identificar estas vulnerabilidades no debería limitarse a explicar lo ocurrido. También puede convertirse en una oportunidad para fortalecer la capacidad de respuesta de la organización frente a futuros eventos.

La recuperación, por tanto, no consiste únicamente en volver al punto en el que se encontraba la empresa antes del terremoto. También implica preguntarse qué debería cambiar para que el negocio sea menos vulnerable después de él.

Más allá de reparar

El impacto de un terremoto no se mide únicamente por el valor de los activos afectados.

También se refleja en las personas y familias afectadas, en la capacidad de clientes y proveedores para continuar operando, en el tiempo necesario para recuperar la actividad, en los ingresos que pueden dejar de generarse, en los recursos adicionales que deberán utilizarse y en la presión sobre la liquidez.

Reparar los daños visibles es indispensable. Pero preservar el valor de una empresa exige algo más: entender cómo el evento afectó a las personas y las relaciones de las que depende el negocio, cómo ese impacto se trasladó a la operación y qué decisiones deben adoptarse para recuperar su capacidad de generar valor.

Después de atender la emergencia y evaluar los daños, quizás la pregunta más importante para quienes tienen la responsabilidad de dirigir, administrar y supervisar la organización sea:

¿Qué cambió en nuestro negocio y estamos preparados para responder a ese cambio?

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Jenny Mendoza
Jenny Mendoza Usaquén 
Socia de Auditoría y AseguramientoCrowe Colombia
Jeimy Lopez
Jeimy López Rincón
Socia Líder de Auditoría y AseguramientoCrowe Colombia
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