Actualidad
Los nuevos emprendedores en el mundo digital
El nacimiento de una nueva e interesante cultura organizacional
Sergio Bascuñan
25-01-2018
Actualidad

Se estima que en la actualidad cerca del 80% de los negocios digitales (esto es actividades comerciales realizadas a través de una plataforma de sistema de información) son creados, gerenciados y ejecutados por la denominada generación “Y”, esto son los nacidos a partir de 1982.

Estos emprendimientos comienzan como una asociación de jóvenes inquietos quienes, apoyados por sus padres en un inicio se atreven a “jugar” con la realidad utilizando las herramientas que comúnmente se enseñan en las aulas universitarias de carreras relacionadas con finanzas y negocios. Por lo mismo son capaces de transformar una idea, un concepto, un deseo, en un producto o servicio que puede rendir frutos económicos en el tiempo. La extraordinaria habilidad de los jóvenes de esta generación para relacionarse con la tecnología es otro factor clave para que su empeño inicial se transforme poco a poco en un emprendimiento que cuente con un plan de negocios, presupuesto y un sistema de información a la medida del negocio. Es frecuente saber que en un comienzo son los parientes y los amigos los que se integran a las actividades de acuerdo a sus talentos y habilidades, siendo los creadores o fundadores del proyecto los que asumen la dirección de la empresa.

Posteriormente e inspirados en el camino que recorriera Steve Jobs, ellos buscarán inversionistas, perfeccionaran el concepto y establecerán una oferta concreta para convertir lo que fue una idea en un negocio rentable a futuro. Hay ya muchos casos que corroboran lo exitoso de esta manera de hacer las cosas.


Lo interesante de esta generación de nuevos empresarios, es su tendencia a realizar todo con la mayor libertad y “buena onda” posibles. Hay un claro empeño en lucir relajados, de utilizar un lenguaje común y para nada sofisticado, de trabajar en espacios abiertos y sin oficinas de denoten jerarquías o privilegios, de llegar a la oficina en bicicleta, de tener un rincón de juegos y ocio para los “colaboradores”, en fin, de establecer una identidad lo más lejana posible a la que conocieron en sus estudios o de sus viejos y parientes.

Cuando las actividades comienzan a desarrollarse de manera sistemática y fluida, y cuando los resultados ya no solo victorias morales y la ganancia comienza a tener forma de billetes y monedas, por lo general comienzan a rigidizarse las actividades. Se van estableciendo medidas para asegurar el ordenamiento de la facturación, de la cobranza y de las operaciones. Se comienzan a establecer relaciones formales con los bancos, para operar con ellos a través de sus plataformas digitales, pero también para administrar los excedentes de caja y más de alguien se preguntará si las cosas se deben hacer así o hay alguna manera mejoro más eficiente. En definitiva, cuando estos negocios maduran, comienza realmente a construirse la cultura organizacional que se manifiesta de diferentes formas pero que al mismo tiempo la cubre de principio a fin. Comienzan a tener relevancia los procesos y sus controles, las personas y su desempeño. La “buena onda” continúa, pero ahora existirán herramientas para medir los resultados y ya no dará lo mismo abrir la oficina a las 10 de la mañana que arrancar lo más temprano que se requiera. Podrá seguir existiendo el rincón del ocio, pero se podrá utilizar cuando los objetivos de trabajo se hayan cumplido o cuando lo disponga el nuevo “procedimiento de entretenimiento y ocio de la compañía”.

Lo malo de todo este proceso, inevitable con el crecimiento y madurez de los negocios, es que los jóvenes de esta generación no están preparados para aceptar de buenas a primeras la implantación de métodos y procedimientos pues efectivamente sienten que un parte de su “identidad empresarial” se va perdiendo.

Por lo general son los malos resultados, los errores evidentes y los fraudes en este tipo de organizaciones los que obligan a este cambio cultural de “dejar hacer “a “hacer lo que se debe hacer”.

Para colmo de males, junto con la llegada de buenos resultados económicos, comienza la “pesadilla” de los impuestos “¿por qué tan altos?, ¡yo no sabía de esto!”, son algunas de las expresiones más comunes a la hora de mirar el cálculo y la línea final de los impuestos anuales que hay que pagar sí o sí.

Así, entre golpes de realismo y la necesidad de ordenarse, los consultores externos, en ocasiones aparecemos para apoyar o al menos disipar todas las dudas que aparecen en la mente de esto jóvenes empresarios.

Conocer la génesis de sus negocios y la forma en que los desean concebirlos, puede ser de vital importancia para el éxito del apoyo externo que puede brindarse a los negocios digitales de manos que esta nueva generación de emprendedores. Por esa razón el consultor externo debe entender que antes de sugerir la implantación de cualquier nuevo procedimiento, el “factor confianza” es el único que podrá mover las cosas hacia el lugar deseado. No es fácil informar a un joven emprendedor que ha hecho cosas incorrectas, innecesarias o insuficientes. No se trata sólo de que un consultor con toda su experiencia sentencie los errores ajenos o que destaque lo que nunca nadie desea oír. Se trata de analizar los problemas de una organización desde su contexto, destacando las amenazas que todas las empresas digitales están expuestas. Partiendo de la premisa válida de que todo negocio requiere de planificación, de dirección y de control a lo menos. Que todo eso es posible hacerlo sin perder la identidad deseada y que es posible tener una empresa “buena onda” que sea eficiente en elegir de sus metas.

Las palabras “innovación”, “tecnología”, “mundo digital”, “empresas sustentables” son solo una extensión del mundo tradicional de los negocios. Los nuevos emprendimientos liderados por la generación "Y" son una oportunidad de dar un salto importante en la creación de valor para los mercados donde operan y para mejorar la vida de las personas que debería ser en definitiva el objetivo esencial de las empresas.

Por eso los auditores externos, los consultores gerenciales y los asesores tributarios entre otros, debemos también a aprender el valor de ese nuevo e inquietante mundo, a empatizar con sus propuestas innovadoras en materia de organización y con sus rincones para el ocio de sus colaboradores. Eso al mismo tiempo permitirá que estos jóvenes emprendedores comenzar a escuchar la voz de la experiencia, a incorporar el rigor de los controles y la utilidad de los procesos como elementos esenciales de sus éxitos.
Sergio Bascuñan
Conocer la génesis de sus negocios y la forma en que los desean concebirlos, puede ser de vital importancia para el éxito del apoyo externo que puede brindarse a los negocios digitales ...
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Sergio Bascuñan
Socio
Crowe Horwath Chile